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dijous, 25 de novembre del 2010

Mourinho: ¡soberbio!

El actual entrenador del Real Madrid, José Mourinho, es un técnico soberbio del futbol actual. Y no porque lo digan los demás sino porque él mismo se considera "un entrenador con muchísima autoestima, muchísima autoconfianza". Lo que de entrada no es nada malo, por cierto. Nadie le puede negar que en el aspecto técnico es un soberbio entrenador y que su trayectoria se mide por victorias y títulos. En este sentido la acepción de soberbio le viene que ni al pelo, porque los sinónimos que se derivan de esta palabra son, entre otros, los siguientes: excelso, magno, magnífico, ejemplar, extraordinario, genial, imponente, importante, magistral, perfecto, superior, estupendo, fantástico, fenomenal y maravilloso. Porque pocos no estarán de acuerdo en decir de él que es un entrenador grandioso y magnífico.
Ahora bien José Mourinho también es un personaje soberbio. Igual que antes, hay que decir que la acepción de soberbio le viene que ni al pelo, porque los otros sinónimos que se derivan de esta palabra son, entre otros, los siguientes: valentón, vanidoso, vano, altanero, altivo, arrogante, engreído, jactancioso, orgulloso, petulante, presumido, presuntuoso y desdeñoso. Es decir, una persona que tiene soberbia o se deja llevar de ella. De lo cual no se esconde, pues hace muy poco ha declarado que: “Gracias a Dios, me falta modestia” y que su defecto es "no ser hipócrita, no ser diplomático, no ser pelota".
La lástima de todo esto es que José Mourinho es un ídolo para millones de niños en el mundo y sus dos acepciones de soberbio van íntimamente ligadas la una con la otra y el mensaje que transmite no es nada positivo, pues es un provocador nato para el cual el fin justifica los medios que utiliza. Desde el punto de vista educativo se puede afirmar que Mourinho no es un buen ejemplo a seguir.

diumenge, 25 de gener del 2009

Reflejos no inventados de la realidad

En el devenir del día a día de la actividad docente se producen multitud de situaciones curiosas que acaban en el olvido de nuestras memorias. A continuación se exponen cuatro de estas situaciones no inventadas.
.- Reflejo no inventado número 1: Son las nueve y cuarto de la mañana. El horario de clases es de ocho y media a dos menos cuarto. Ante la ausencia en la primera hora de la mañana de una alumna de 17 años se llama, por teléfono, a casa de ésta desde la secretaría del centro escolar.
- Buenos días, ¿es la madre de Fulanita?
- Síííí - responde con media voz la madre al otro lado del teléfono.
- Buenos días, la llamo porque su hija no ha asistido a clase esta mañana. ¿Está enferma?
- No, es que no me ha sonado el despertador esta mañana y no nos hemos despertado a la hora.
- Bueno, no se preocupe – dice la secretaria del centro – a todos nos puede pasar que no nos suene el despertador. Así, su hija vendrá ahora ¿no?
- No, pues no vale la pena ya por lo que queda de mañana.
- ¡Mujer!, hasta las dos menos cuarto todavía queda mucho. Es mejor que venga – replica la secretaria.
- No sé, no sé. ¿Sabe qué?, despertaré a mi hija y que ella decida. Gracias por llamar. Adiós.
- Adiós.
Y, efectivamente, la hija decidió seguir durmiendo.
.- Reflejo no inventado número 2: Silencio absoluto en la clase. El profesor ha considerado dejar la hora de su materia para que los alumnos, de 16 años, pongan al día sus apuntes y repasen la materia. La única condición impuesta por el profesor es que no se puede hablar y que cada uno, de forma individual, haga las tareas propuestas.
Silencio absoluto. Pasan más de treinta minutos y todos los alumnos están en silencio y trabajando. De pronto, y casi gritando, un alumno pregunta:
- Profe, ¿qué hora es?
- Menganito, ahora no es el momento adecuado para esa pregunta – responde sin inmutarse el profesor.
- Pero, profe ¿qué hora es? – continúa casi chillando el alumno.
- Menganito, te repito que ahora no es el momento adecuado para esa pregunta. ¡Calla!. – responde de nuevo sin inmutarse el profesor.
- Yo sólo quiero saber la hora, ¿por qué me tengo que callar?
- Porque no es el momento adecuado – replica secamente el profesor.
- Pero, ¿qué hora es? - insiste levantando más la voz el alumno.
- Menganito, sal un momento de la clase – ordena irritado el profesor.
- Esto es una injusticia. Yo sólo quiero saber qué hora es. No hay derecho, tú me tienes manía – insiste el alumno.
- Sal de la clase – reitera, ya enfadado, el profesor.
El alumno se levanta y sale de la clase con el convencimiento de no haber hecho nada incorrecto.
.- Reflejo no inventado número 3: Iniciado ya el segundo trimestre escolar Zutanita, de 16 años, ha faltado a primera hora de la mañana. Desde la secretaría del centro se llama a casa de la alumna y hablan con la madre.
- Buenos días, su hija esta mañana no ha venido a clase. ¿Está enferma?
- No. Mi hija irá al colegio de 9 a 12 de la mañana cada día.
- ¿Cómo?
- Que mi hija a partir de hoy irá de 9 a 12.
- Pero, oiga señora que el horario de su hija es de 8 de la mañana a las dos de la tarde.
- Sí, bueno, pero ahora hará éste pues me tiene que ayudar en casa.
- Pero esto no puede ser – intenta argumentar la secretaria - ¿no se da cuenta que su hija perderá muchas horas de clase?
- Es que la necesito en casa – replica la madre colgando el teléfono.
.- Reflejo no inventado número 4: Faltan diez minutos para que se acabe la clase y el profesor empieza a recoger los trabajos que ya están impresos y terminados. Merenganita, de 17 años, coge la hoja que acaba de imprimir la impresora y se la entrega al profesor que comienza a leerla rápidamente.
- Repasa la ortografía. Todavía tienes tiempo – le indica el profesor.
Tres minutos más tarde Merenganita le vuelve a entregar la misma hoja al profesor.
- Te he dicho que lo revises que hay muchas faltas de ortografía – le vuelve a decir el profesor.
- Pero, ¿está bien o no? – pregunta la alumna.
- Lo que explicas está bastante bien pero hay muchas faltas de ortografía. Repásalo y me lo entregas – dice el profesor.
- Pero, ¿lo voy a tener que repetir sólo porque tiene faltas? Pues si las respuestas están bien quiere decir que el trabajo está bien.
- El trabajo no está bien porque tiene faltas – insiste el profesor.
- Pues yo no lo repito. Sólo porque tiene faltas quiere que lo repita – se queja Merenganita.
- Revísalo – ordena, enfadado, el profesor.

diumenge, 28 de desembre del 2008

Maleducados

El pasado 21 de diciembre en el suplemento D7 Los domingos de ABC, del diario ABC, salía publicado un reportaje titulado "Maleducados. La tiranía de los sin límites" de la periodista Virginia Ródenas. Para su elaboración se requirió la colaboración del administrador de este blog, es por ello que facilitamos su reproducción a continuación.

dimecres, 17 de desembre del 2008

Final de trimestre

Estamos a final de trimestre y a algunos alumnos parece que se les están haciendo eternos los últimos días. Hablo, en concreto, de adolescentes cargados de excusas mil que gozan de las justificaciones pertinentes por parte de sus respectivos padres. Sería incorrecto decir que sorprende esta situación que se repite un trimestre tras otro, pero lo cierto es que los finales de trimestre registran un aumento considerable de faltas de asistencia y de puntualidad en nuestras aulas.
Los controles de puntualidad de los centros docentes pueden dar fe de la cantidad de alumnos que tienen como despertador principal su llamada telefónica. Así cuando desde el centro docente se llama a casa del alumno no es extraño sentir una media voz, que dice “digaaaaa”, como prueba irrefutable de que el alumno acaba de ser arrancado del sueño de Morfeo. A partir de aquí, todas la excusas que se quieran por inimaginables que parezcan como llegar a media mañana “porque se ha ido la luz en mi casa esta noche y hasta que no ha vuelto no me he podido secar el pelo”, o el alumno que aparece por la tarde porque por la mañana ha tenido que ir al médico de cabecera ¡a las 9 de la mañana! y claro no iba a llegar al centro una vez empezadas las clases. Seguro que se podría escribir un libro sólo con las justificaciones de nuestros alumnos …… y de sus padres.
A algunos alumnos les cuesta entender que el hecho de traer una nota escrita firmada por sus padres no justifica ni las faltas de puntualidad ni las de asistencia. Bien, a algunos alumnos y también a algunos padres que creen, erróneamente, que una nota escrita por ellos justifica una actuación poco responsable de sus hijos. A algunos padres les preocupa más salvar las apariencias de las actuaciones de sus hijos que contribuir, conjuntamente con el centro docente, a hacerlos más responsables y conscientes de sus actos. No deberían extrañarnos estos comportamientos en un país donde la poca puntualidad y la baja productividad son unos de los índices que nos diferencian de los países de nuestro entorno. Falta de compromiso que más tarde reproducirán en sus puestos de trabajo, en sus relaciones sociales y familiares.

dijous, 5 de juny del 2008

De palabras y actos

Encaramos el final de este curso escolar y pienso en cuántas veces nuestras palabras quedan desmentidas por nuestros actos. El colectivo docente es muy proclive a transmitir mensajes que sus propios actos desmienten de una forma descarnada. Es el viejo refrán de haz lo que te digo y no lo que hago.
Muchos tenemos en nuestro recuerdo la imagen del médico de familia cuando con un puro en la boca nos sentenciaba con un “deje usted de fumar”. Sus actos desmentían sus palabras y, que se sepa, pocos dejaban de fumar porque se lo dijera su médico. A los docentes nos pasa otro tanto de lo mismo cuando cargamos contra el consumismo desaforado de nuestros alumnos, lo decimos de una forma tan seria y dogmática que no nos damos cuenta que vestimos nuestra camisa Ralph Lauren o hemos dejado encima de la mesa nuestro bolso Mandarina Duck y esa incoherencia entre lo que decimos y hacemos hace que no seamos creíbles. Sí, sí, deben pensar nuestros alumnos, tu mucho cargar contra el consumismo pero tus pantalones Furest y tu Audi A4 me dicen que lo que quieres para mí no lo quieres para tí.
Los alumnos captan enseguida cuando un profesor es coherente con lo que explica. Ya podemos decirles que se han de esforzar, que han de seguir unas pautas de trabajo, que han de elaborar sus trabajos siguiendo una estructura, que si captan que los trabajos no son corregidos con detenimiento entonces estamos dando rienda suelta a la picaresca de copiar, o lo que es peor, a que algún alumno que vaya de sobrado se atreva a poner entre el redactado del trabajo insultos o frases del tipo “marica el profe que lea ésto” y, evidentemente, cuando no hay la reprimenda posterior el alumno se reafirma en que ese profesor ni siquiera ha hecho el esfuerzo de hojear su trabajo y que por lo tanto es mejor entregarle en un futuro un trabajo de cortar y pegar que tenga muchas páginas que no un trabajo bien hecho y elaborado. Los hechos desmienten las palabras.
Lo mismo nos pasa a los adultos en nuestras relaciones personales y laborales. Todos sabemos que a veces es mejor que no nos digan lo buenos profesionales que somos pues los actos de quien nos está halagando nos desmiente su valoración positiva. Es aquello de “no me quieras tanto y dáme de comer”. Las sociedades laborales, y la escuela es una de ellas, está llena de equilibrios entre la realida y la apariencia, la sinceridad y la hipocresía, el abrazo y la puñalada, la verdad y la mentira, entre lo correcto y lo incorrecto. Son trazos de la sociedad que vivimos que impregnan nuestras aulas y salas de profesores y, siendo así, son actitudes humanas que transmitimos incluso de forma inconsciente pero, puesto que somos así, ¿no deberíamos esforzarnos en desterrar estos comportamientos y actuar con coherencia con nuestros alumnos y compañeros?. La respuesta la dejo en el aire de nuestros pensamientos, de cada uno de nuestros pensamientos, porque si no tendríamos que concluir que cuando traspasamos el umbral cada mañana nos disfrazamos del personaje que nos toca representar pero que, a pesar de todo, nuestros alumnos y compañeros no dejan de vernos como unos simples actores.

dimecres, 16 d’abril del 2008

Operación Triunfo y los valores

Aquellas personas que estos días hayan visto la selección de los concursantes del programa televisivo de Operación Triunfo se habrán dado cuenta, ¡espero!, del trato infligido por el jurado de selección a un sinfín de ilusionados aspirantes. En muchas ocasiones se les ha ridiculizado, herido en sus sentimientos, se les ha descalificado, menospreciado y una larga retahíla de adjetivos con tal de garantizar el espectáculo y la cuota de pantalla. Lo sorprendente de todo ello es la reacción pasiva, callada y dócil de la mayoría de los aspirantes a concursantes.
Viene ésto a cuento por las situaciones que muchas veces nos toca vivir en nuestros centros educativos con temas tan sensibles como la vestimenta de los alumnos, los “piercings”, los castigos e incluso las observaciones que hacen los profesores a los alumnos. ¿A quién no le ha estallado una crisis por considerar, el alumno o sus padres, que el tono o lo dicho por el profesor no tenía el suficiente grado de corrección?. Por éso, sorprende ver cómo los aspirantes a un concurso de televisión tragan carros y carretas ante los comentarios despectivos de tres personas, como sorprende la facilidad de ciertos alumnos y padres en montar un cirio por cualquier tema con la excusa de que “a mí nadie me habla así”. Sin embargo esas mismas personas callan ante las humillaciones que les infligen en un concurso de televisión. Veamos otro ejemplo.
La forma de vestir es la expresión de “mi” libertad personal y como tal la entienden muchos de nuestros alumnos y los educadores sabemos que pedir una vestimenta correcta desencadena conflictos desagradables con los alumnos y sus padres. Es fácil recordar ciertas modas y sus correspondientes conflictos como los tangas que se veían, los pantalones caídos que dejan ver las bragas o los calzoncillos, las camisetas que enseñan mucho pecho, las gorras, los piercings, los pantalones rotos que enseñan más que tapan, las camisetas que en vez de poner PUMA ponen PUTA, ..... Ante según qué modas, cuando los centros educativos han querido hacer cumplir la norma de que hay que asistir al colegio con la vestimenta adecuada, los conflictos con los alumnos y sus padres han sido una constante ante la argumentación de “que yo me visto como quiero y el cole no es nadie para decirme nada”. Éstos mismos son los que cada semana se visten como quiere el portero de la discoteca de moda porque, si no, saben que no les dejarán entrar a bailar. Es más, el portero de la discoteca tiene un criterio tan subjetivo que un día entras y otro día no aunque vayas vestido igual. ¡Y no pasa nada!. A pocos se les ocurre montar el escándalo que montarían en su colegio.
¿Dónde estamos?. O no hemos llegado o nos hemos ido, pero la verdad es que no estamos. Tal vez todo sea tan simple como que es una cuestión de intereses. Quizás nos interesa más Operación Triunfo y la discoteca de moda que lo que podamos recibir, como sociedad, de un centro educativo. Es el viejo axioma que dice que aquello que todos tienen, la escolaridad, no tiene valor y aquello que pocos pueden tener, ser concursante de Operación Triunfo, tiene mucho más valor. Acabáramos pues, así todo es una cuestión de valores.

dijous, 21 de febrer del 2008

Solidaridad, ¿un valor en alza?

Vivimos en una sociedad que hace gala de la solidaridad como uno de sus valores estrella. Difícilmente encontraremos una persona que se reconozca como insolidaria y, evidentemente, ningún político dirá que no lo es.
Pero me temo que la reflexión profunda sobre el tema nos puede deparar unas conclusiones difíciles de verbalizar. ¿Realmente somos solidarios?. ¿La sociedad que construímos día a día es solidaria de verdad, o sólo lo parece?. Las sociedades avanzadas disponen incluso de mecanismos preestablecidos que se ponen en marcha ante una catástrofe en cualquier parte del planeta, así ante un tsunami o un terremoto se activan los procedimientos estándard para enviar equipos humanos y recursos materiales y económicos de forma inmediata a las zonas afectadas. A continuación, se despliegan campañas de recaudación para que la gente pueda hacer sus aportaciones individuales. La respuesta acostumbra a ser positiva y exitosa lo cual nos induce a pensar que somos una sociedad solidaria. Y éso es bueno.
Me gustaría rememorar ahora la cartelera de un centro docente cuando, hace ya muchos años, trabajaba los valores humanos, entre ellos el de la solidaridad. El tema de esa cartelera se titulaba “La solidaridad del agüelo” y en los dibujos que la componían se veía un hombre mayor con su nieto. ¿Qué es la solidaridad, agüelo? pregunta el niño. La solidaridad es dejarle la goma de borrar al de la mesa de al lado, le responde su abuelo. He de confesar que, muchos años después, aún me sigue impactando la sencillez con que define el concepto solidaridad. Me gusta, y mucho, porque acostumbramos a llenarnos la boca de grandes conceptos e ideas etéreas y lejanas, pero cuando aterrizamos en lo concreto, en lo visible, entonces actuamos de forma contraria.
Es muy fácil ser solidario con los negros del Africa, o las víctimas del terremoto de Guatemala o los supervivientes del tsunami asiático pero qué difícil es serlo con el pobre con el que nos cruzamos cada día en la calle, o cómo nos disgusta ver a ese grupo de inmigrantes pobremente vestidos en la plaza de nuestro barrio y ya no digo nada del compañero de clase que tiene dificultades de aprendizaje y siempre nos pide ayuda a la hora de hacer los deberes. Solidarios sí, pero a distancia. Aquí las distancias cortas son malas pues la miseria, las desgracias, cuanto más lejos mejor y si puede ser por la tele mientras cenamos entonces es lo ideal. El concepto de solidaridad deviene así un ente abstracto que no impregna nuestra vida cotidiana, es algo que está allá, lejos, fuera de nosotros, de nuestro círculo más inmediato. Cuando se materializa en nuestro entorno entonces nos incomoda, nos hastía, nos cansa, nos despreocupamos de ello y recurrimos a la sordina de nuestra conciencia social y nos decimos, y repetimos, que para estos casos ya están los Servicios Sociales del Ayuntamiento, que si no trabaja es porque no quiere porque quien quiere bien que encuentra, que si es tonto yo no tengo la culpa y vaya a clases de refuerzo pero que a mí me deje en paz de una vez que yo sí que estudio, que no cuesta nada ir vestido decentemente y no con esas ropas que desmerecen el entorno de la zona comercial y que ya está bien que cada vez que paso por esta calle me tenga que acercar su mano pidiendo una limosna por caridad. ¡Ya está bien, hombre!.
La conclusión es que lo que está en alza es un falso valor de solidaridad a distancia pero que en realidad no somos una sociedad más solidaria ahora que antes, al contrario. En cuanto le vemos la cara a lo que nos incomoda nos encerramos en nosotros mismos y autojustificamos nuestra forma de actuar para seguir disfrutando de una conciencia más o menos limpia que nos permita vivir nuestro día a día con un mínimo de dignidad.

dijous, 1 de novembre del 2007

Los trenes del escaqueo

Aquellos que siguieron las intervenciones parlamentarias de nuestros gobernantes en el Congreso de los Diputados sobre el tema de los trenes de cercanías debieron experimentar un sentimiento de vergüenza ajena bastante elevado. Desde el punto de vista político seguramente que el tema es poliédrico y susceptible de muchas interpretaciones, pero desde el punto de vista educativo la situación generada es triste y desafortunada.
El mensaje que nuestros gobernantes transmiten a nuestros jóvenes es el del escaqueo y el de la falta de asunción de responsabilidades. Con sus actitudes nuestros gobernantes les están diciendo que nadie es responsable de nada, que en esta vida si se sabe escoger un buen argumento y se hace el suficiente ruido mediático cualquier mala actuación puede dejar de ser culpa nuestra. Les estamos transmitiendo, como sociedad, el valor del escaqueo. Hagas lo que hagas, si lo puedes argumentar razonablemente, nunca será responsabilidad tuya. Este mensaje va calando en nuestros jóvenes.
En el momento en que un gobernante dice que la situación de los trenes de cercanías, y de las obras del AVE (alta velocidad española), es culpa del pasado y de los que gobernaban entonces transmite el mensaje del escaqueo y del “yo no tengo la culpa de nada, la culpa es de los otros”. Casi cuatro años después de llegar al poder ¿cómo puede ser la culpa de los otros?. El mensaje que les transmitimos a nuestros jóvenes es demoledor y lo acabaremos pagando como sociedad. Este mensaje de que “yo nunca tengo la culpa de nada” socialmente no nos lo podemos permitir. Después nos quejamos cuando como consumidores recibimos la respuesta de “¿a mí qué me dices?, yo sólo trabajo aquí y si no te está bien la culpa no es mía”. Nadie se siente responsable de nada.
En los centros educativos los educadores (padres y docentes) dedican muchas horas y esfuerzos a trabajar toda una serie de valores y habilidades con el objetivo de hacer personas mejores y sociedades más justas. Nuestros gobernantes están en el escalón más alto de nuestra sociedad y por ello han de ser ejemplo y espejo donde nuestros jóvenes deberían reflejarse. Pero el reflejo que transmiten es muy diferente al que como educadores queremos para ellos, y lo más triste de todo es que ese reflejo es muchas veces más fuerte que las enseñanzas de los educadores.
Hacer una sociedad más justa requiere de unos gobernantes responsables y honestos. De unos gobernantes que en estos momentos no tenemos.