dimarts, 2 d’octubre de 2007

Las relaciones personales en el trabajo

Hace muchos años un muy buen compañero de trabajo estaba atravesando un delicado momento en sus relaciones con sus superiores y, una tarde de confidencias, me dijo lo siguiente: “Mira, ésto es como la historia del hombre que está al borde del precipicio. El hombre está ahí, por lo que sea pero está ahí, y entonces sus superiores conscientes de ello repiten continuamente la letanía monocorde de ves con cuidado, ves con cuidado que te caerás. Así pues el equilibrio es muy delicado y se evidencia ante el resto de los trabajadores, hasta que un día esos mismos superiores le dan una golpecito en la espalda lo desequilibran y éste cae. Ante la evidencia de la caída los superiores dicen a los trabajadores, veis ya os lo decíamos que se iba a caer”.
Las estructuras empresariales ya lo tienen estos comportamientos de sutilezas, de medias verdades, de insinuaciones, de difama que algo queda. La sutileza viene cuando decimos “¿qué te parece fulanito?”, nos replican “¿por qué?” y contestamos “no por nada, no sé tiene un, pero no, nada, nada”. O cuando utilizamos la media verdad para evidenciar que “es un cotilla que lo explica todo o se lo tiene creído” y que no debería comportarse así “aunque claro a mí particularmente no me ha hecho nada, pero hay gente que me lo ha dicho”. La insinuación es una de las mejores armas en estas situaciones pues saber dejar caer “¿pero éste qué hace todo el día en su despacho?, ¿ya tiene suficiente trabajo?”. Y, por último, una buena difamación completa el círculo moral de ciertas personas cuando públicamente alardean de una cosa y privadamente corren al despacho del director a explicar los cotilleos de sus compañeros. Todos conocemos compañeros de trabajo que les cuesta poco ir a explicar “lo último” al director para luego en público decir que particularmente a él no le importa lo que hagan los demás.
Las relaciones en el mundo laboral a veces se vuelven complejas debido a las ansias desmedidas de poder de algunas personas. Personas que no se detienen en pisotear a los trabajadores que tienen a su cargo pero que ante su superior edulcora las situaciones de tal forma que ellos siempre salen bien retratados. Así, por ejemplo, una persona puede maltratar de palabra, y sutilmente de hecho, a sus trabajadores hasta conseguir ponerlos en la disyuntiva de si vale la pena estar amargado cada día o es mejor largarse y cambiar de empresa. Si consigue lo primero su ego saldrá reforzado en función de su dominio sobre el trabajador, pero si éste o éstos deciden que es mejor cambiar de empresa y despedirse el recurso ante el director siempre será que nunca se habían adaptado del todo, o que se les había subido los humos a la cabeza, o que habían exigido el oro y el moro. Cualquier cosa menos reconocer su incapacidad en el liderazgo de sus trabajadores.
Otra de las estrategias es proyectar en los demás los defectos de uno mismo, así pues, aquella persona que habla y habla sin parar y que carece del sentido de cuando acabar sus intervenciones acostumbra a ser la más exigente cuando un subordinado suyo intenta explicar con detalle un proceso. Es entonces cuando lo hace callar, lo apremia o insinúa lo de menos hablar y más trabajar. Esta característica de no saber acabar les lleva a llegar tarde a todos los sitios pero lejos de reconocerlo deja caer allí donde puede que si los otros llegan antes es porque no tienen tanta faena como ellos. Y este mensaje va calando.
La mejor estrategia nos la proporcionan las nuevas tecnologías, ¿se han fijado ustedes en las fechas y horas de los correos electrónicos de determinadas personas?. Hagan la prueba y verán cómo algunas personas utilizan esta estrategia para revalorizarse ante su director pues no es lo mismo un correo electrónico con fecha jueves a las quince horas que uno del domingo a las once horas. El comentario en estos casos siempre será “¿y tu que haces trabajado el domingo por la mañana?”. El mensaje va calando pues si él trabaja mucho el resto trabaja menos. Hay también la estrategia de no hacer nada e intentar que nadie haga nada. El principio es muy fácil de entender: “cuando yo deje de hacer esta función que todo esté como cuando lo encontré”. Es decir, no aportar nada para no equivocarse en algo. Acostumbra a ser una estrategia bastante bien aceptada por la superioridad pues la conclusión siempre es “a mí la gestión de menganito no me genera ningún conflicto”. Y ya se preocupará menganito de que no le lleguen los conflictos a su director.
Todas estas estrategias llevan a poner en entredicho la valía de los trabajadores afectados pues la duda siempre anida en terreno abonado: “¿será verdad todo lo que dicen de zutanito?, seguro que todo no pero algo sí, si no no dirían tanto de él”. Así la valoración de ese trabajador decaerá en proporción a las insinuaciones del entrono. Y ante esta situación cómo hay que actuar. Básicamente hay dos formas de reaccionar y ninguna garantiza un buen resultado. La primera es ignorarlo todo, es decir, pasar de todo y como mucho hacer ver al director que todo lo que se insinúa y se dice no es cierto o es cierto con muchas matizaciones, pero hacerlo en privado y al máximo nivel porque se ha decidido que en público no es una buena estrategia. La segunda opción es afrontar con determinación la situación y cada vez que se produzca un hecho afrontarlo directamente con la persona que lo ha provocado ya sea en público o en privado. Así tendremos una serie de situaciones tensas pero que intentan clarificar las posiciones de cada uno.
La verdad es que muchas veces se actúe como se actúe se pisa terreno pantanoso pues muchas veces en nuestras relaciones laborales no llegamos a identificar quién es sincero y quién no. Claro que siempre se puede utilizar la estrategia de dejarle caer un determinado comentario a alguien y si luego éste circula ya sabremos de donde viene la filtración. Lo que está claro es que las relaciones laborales entre compañeros de trabajo pueden llegar a ser muy complejas.

4 comentaris:

Koke ha dit...

Hombre no está mal el post...eso sí el título:"LAs relaciones LABORALES en eL TRABAJO" no puede ser más redundante...

Pedagog ha dit...

Pues .......... tienes toda la razón koke y te tengo que dar las gracias por corregirme. He rectificado el título y a partir de ahora será" Las relaciones personales en el trabajo". Muchas gracias por tu observación.
Por cierto recomiendo a la gente tu comentario "Nunca habrá robots humanos" en tu blog (http://aprobadogeneral.blogspot.com/).

Joan Rovira ha dit...

Com diu aquella vella i sàvia dita: "Somos amigos, aunque compañeros"...

Pedagog ha dit...

Joan, és ben bé que de vegades la jornada laboral esdevé complicada per culpa d'alguns.