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dijous, 21 de juliol del 2011

Inger Enkvist y el sistema educativo finlandés

Interesante la ponencia presentada por Inger Enkvist en el IV Congreso Iberoamericano de Pedagogía con el título “El éxito educativo finlandés”. En la actualidad la señora Enkvist ocupa la Cátedra de Español en la Universidad de Lund (Suecia) y es asesora del Ministerio de Educación sueco. La ponencia podría resumirse en los siguientes tres puntos:
1.- La escuela obligatoria en Finlandia se rige por un currículo de exigencias muy claras. Los alumnos y los profesores saben que lo que la sociedad espera de ellos es que los alumnos aprendan los contenidos de las materias tal como están descritos en el currículo. Y disponen de un servicio eficaz de apoyo a los alumnos con problemas.
2.- Después de terminada la escuela obligatoria, el sistema educativo finlandés ofrece opciones muy diferentes. Los alumnos que quieren seguir con estudios teóricos se enfrentan a un proceso de selección tanto para entrar en ciertos institutos de bachillerato como para entrar en la universidad, Por eso, se toman en serio los estudios ya en la etapa obligatoria de la educación.
3.- Los finlandeses tienen en gran estima la profesión docente, lo cual contribuye a que la formación docente reciba muchísimas más solicitudes de las que se puedan aceptar. La docencia se convierte así en una carrera muy selectiva.
Respecto a la falta de esfuerzo detectado en los alumnos de los países que gozan de bienestar material, el nuestro entre ellos, vale destacar el siguiente párrafo de su ponencia: “Esta nueva pedagogía, dominante en los países occidentales, se ha impuesto a través de los departamentos de pedagogía y de la formación docente. Cuando han empezado a bajar los resultados y han aparecido cada vez más casos de conducta irrespetuosa dentro de los establecimientos educativos, la respuesta de los pedagogos y de las autoridades ha sido afirmar que la sociedad ha cambiado y, por eso, por simple reflejo, también la escuela. Las consecuencias de esta actitud han sido dramáticas y, entre otras cosas, los mejores profesores tienden a dejar la escuela para buscarse otras salidas profesionales. En esa discusión, cualquiera que diga que antes las cosas eran mejores, se ve automáticamente calificado de retrógrado, porque los nuevos pedagogos afirman que la orientación es correcta, pero que la culpa la tienen los cambios ocurridos en la sociedad.”
Otro de los aspectos tratados por esta autora es a qué se dedica el tiempo escolar. En este aspecto es muy clara al afirmar: “El tiempo de los alumnos debe usarse para el aprendizaje y no para otras actividades. Se han introducido en las escuelas muchas actividades loables en sí pero que quitan tiempo al aprendizaje. Además, el «buenismo» daña seriamente la calidad de la educación porque los propios alumnos contribuyen a disminuir la eficacia de enseñanza por su falta de respeto por el sistema escolar. Muchos llegan tarde, están «enfermos», piden «libre» para diferentes actividades de ocio, además de estar ausentes sin ninguna justificación. Como contraste, los autores dan ejemplos de escuelas exitosas en barrios difíciles de otros países que casi no tienen absentismo, sino que, al revés, exigen que los alumnos hagan sus tareas en casa, que acudan cuando se dan clases de apoyo y también cuando se ofrece enseñanza obligatoria durante las vacaciones.”
Para Inger Enkvist uno de los logros del sistema finlandés es que “tiene buenos docentes y uno de los secretos es que puede haber hasta diez solicitantes para cada plaza en la formación docente. La profesión atrae a los jóvenes inteligentes y ambiciosos, a pesar de que el salario de los profesores finlandeses es bueno, pero no generoso. Los docentes reciben parte de su recompensa en forma inmaterial, sintiéndose útiles y respetados.” Como se puede constatar en nuestro país estamos muy alejados de esta realidad, la nuestra es bastante cruel con los profesionales de la docencia.
En el mes de marzo de 2011 el diario argentino Síntesis Educativa publicaba una entrevista realizada a esta autora sueca que vale la pena leer (http://sintesis-educativa.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=296:entrevista-a-inger-enkvist&catid=34:articulos&Itemid=33).

divendres, 6 de novembre del 2009

Las reuniones

A pesar de ser uno de los países europeos con una productividad más baja, no dejamos de ser uno de los que alargamos más nuestra jornada laboral. Parece com si el hecho de permanecer más horas en nuestro puesto de trabajo nos garantizara la tranquilidad de conciencia por producir menos. Uno de los aspectos menos productivos del ámbito educativo son, y con diferencia, las reuniones.
Si realizar reuniones fuera sólo una cuestión de asistencia los docentes tendrían el éxito asegurado, pero la realidad es que la sensación de fustración sobrevuela muy a menudo las salas de profesores de nuestros centros una vez acabada una de las tantas reuniones realizadas. Para alcanzar mejores resultados de las reuniones realizadas deberíamos ser capaces de encajar, como una cosa normal, la posibilidad de recibir críticas de los demás. En las reuniones deberíamos hacer gala de nuestras competencias sociales, desde la asertividad hasta la empatía, pasando por la escucha activa y la autorregulación emocional.
Lo primero que habría que plantearse es si es necesaria la reunión para, posteriormente, analizar el coste de la reunión, es decir, si el tiempo y la aportación profesional será positiva. Una reunión es eficaz si consigue los resultados buscados haciendo buen uso de los recursos fundamentales en el desarrollo de una reunión: el tiempo y la motivación de las personas implicadas.
Pero la realidad nos evoca, a menudo, otra realidad y vemos cómo somos convocados a una reunión que no es necesaria. En la mayoría de casos con una convocatoria que no se envía con el tiempo suficiente y que no concreta el lugar, o la hora, o la duración, o los participantes o los objetivos o el orden del día. Y es una lástima pues con una correcta convocatoria se aporta a los participantes la información o material necesario para su análisis y estudio antes de la reunión. O, por el contrario, cuántas veces el número de puntos a tratar no se corresponde con la duración o el tipo de reunión. O el recinto no es ni adecuado, ni cómodo y no cuenta con todo el material necesario.
Otro de los aspectos que no se cuida en las reuniones de nuestros centros educativos es que no se ponen los medios para que se respete la reunión, es decir, para no ser interrumpidos. Éste aspecto añadido a que, muchas veces, la reunión no se inicia a la hora prevista, debido a que los participantes no son puntuales, o al número inadecuado de participantes da como resultado un bajo nivel de provecho del tiempo invertido.
Los docentes deberían saber que participar en una reunión requiere, de todas los participantes, una serie de normas de auténtico manual de estilo como son respetar la palabra del otro; ser breve e ir al grano en las intervenciones; explicar el punto de vista de forma pausada; mantener una mentalidad abierta; escuchar a los otros sin prejuicios; comprender lo que otros dicen sin interpretarlo; evitar las conversaciones privadas; respetar las opiniones de los demás participantes y, por encima de todo, aceptar las críticas.
Las críticas son muy mal aceptadas en nuestra profesión. Equiparamos crítica a descrédito o a no hacerlo bien. Una persona que critica es mal vista en nuestras comunidades educativas. Por el contrario deberíamos entender la crítica como la oportunidad que se nos ofrece para cambiar, deberíamos entender que una crítica bien hecha no ofende, al contrario, ayuda. Siempre que la crítica se base en hechos objetivos y contrastables debería ser hecha en nuestras reuniones. Ya que nos movemos en el mundo de la educación deberíamos entender que recibir una crítica es una oportunidad para aprender.
Y, por último, deberíamos ser prácticos y aceptar que el acta de la reunión ha de ser funcional, breve y clara de tal forma que permita hacer el seguimiento de los acuerdos adoptados. Deberíamos evitar esa acta de hojas y más hojas que no se la acaba leyendo nadie.

divendres, 13 de febrer del 2009

El estrés en la docencia

El aumento de la presión sobre la actividad docente, así como la necesidad de adaptación constante a las necesidades específicas de cada uno de los alumnos, tienen un impacto evidente sobre la salud de los docentes que llegan al extremo de provocar trastornos tanto físicos como psíquicos.
El estrés es uno de los factores resultantes de esa presión que afecta a la salud y a la calidad de vida de los docentes y a la de las organizaciones educativas en la que éstos se integran. Las consecuencias del estrés pueden manifestarse en un deterioro psíquico y físico de los docentes, que a la vez repercutirá en las organizaciones educativas en forma de absentismo laboral, abandonos de la profesión, disminución en el rendimiento, pérdida de la calidad docente, ......
Está claro que en toda actividad humana existe, siempre, un cierto nivel de estrés que forma parte, intrínsecamente, de la vida. Ahora bien, en el momento en que se sobrepasa ese nivel y éste deviene intenso o prolongado el cuerpo humano se agota y provoca como respuesta los síntomas del estrés. Por el contrario, un cierto nivel razonable de estrés en la actividad docente ayuda a configurar unas buenas condiciones de rendimiento y de satisfacción personal, lo que va a ayudar a los docentes a mejorar sus perspectivas laborales así como mejorar su nivel de participación en el momento de adoptar decisiones satisfactorias.
El estrés en los docentes surge como consecuencia de las múltiples y diversas demandas que recibe y, también, de las responsabilidades derivadas de su trabajo diario. En el día a día de la actividad docente hay actualmente una excesiva variedad de tareas por asumir que favorecen tanto la incapacidad para delegar en otros como la incapacidad para establecer prioridades en la larga lista de cosas a hacer. Si a todo ésto le añadimos la falta de tiempo para poder hacer revisiones de lo ya hecho vemos como el desempeño y rendimiento del trabajo se resienten. Y reconozcamos también que no siempre la actividad docente disfruta de unos espacios con condiciones adecuadas, o con una correcta distribución del tiempo. Así pues, no es de extrañar que nos encontremos con un bajo nivel de satisfacción en un sector más o menos amplio de nuestros docentes.
Todo ello nos lleva al estrés con sus correspondientes alteraciones en la salud mental y física. Es cuando aparecen la ansiedad, la irritabilidad, la disminución en la capacidad de procesar la información, la incapacidad para tomar decisiones, los cambios en el comportamiento, variaciones en el estado anímico, los trastornos del sueño y los de adaptación. Estos síntomas llevados al extremo provocan la aparición de crisis depresivas que pueden conducir, incluso, al deseo de querer suicidarse. Cuando ésto se manifiesta en los docentes, es cuando la organización educativa también se resiente en su quehacer diario pues sufre las consecuencias en forma de absentismo laboral, de fallos en la comunicación, del deterioro de las relaciones con los otros compañeros y con las familias, .... Por lo que respecta a la salud física, no es extraño ver a docentes con ciertas alteraciones físicas como arritmias, hipertensión arterial, problemas de la piel, trastornos gástricos, ..... Todo ello puede llevar a hábitos nocivos para la salud del docente como puede ser el consumo de somníferos, alcohol, tabaco y analgésicos. Hábitos perniciosos que traen consigo la disminución del rendimiento y el aumento del absentismo laboral.
La escuela hoy en día es la receptora de muchas demandas sociales que exigen respuestas inmediatas y claras. Pero la misma escuela debería entender que si las respuestas que proporciona no son adecuadas y las demandas de la sociedad son excesivas, intensas y prolongadas en el tiempo y superan la capacidad de resistencia y adaptación de sus docentes llegará, inevitablemente, a una situación de estrés. Pero no todo es culpa de la sociedad, la propia escuela debería asumir que hay factores organizacionales que favorecen el estrés y el desgaste profesional de sus docentes. El exceso de control, el bajo nivel de satisfacción por la faena realizada, la falta de promoción laboral, el exceso de trabajo, el autoritarismo, las relaciones que se establecen entre los componentes del claustro, ..... son un magnífico coctel que, una vez agitado, nos da como resultado el estrés.

diumenge, 25 de gener del 2009

Reflejos no inventados de la realidad

En el devenir del día a día de la actividad docente se producen multitud de situaciones curiosas que acaban en el olvido de nuestras memorias. A continuación se exponen cuatro de estas situaciones no inventadas.
.- Reflejo no inventado número 1: Son las nueve y cuarto de la mañana. El horario de clases es de ocho y media a dos menos cuarto. Ante la ausencia en la primera hora de la mañana de una alumna de 17 años se llama, por teléfono, a casa de ésta desde la secretaría del centro escolar.
- Buenos días, ¿es la madre de Fulanita?
- Síííí - responde con media voz la madre al otro lado del teléfono.
- Buenos días, la llamo porque su hija no ha asistido a clase esta mañana. ¿Está enferma?
- No, es que no me ha sonado el despertador esta mañana y no nos hemos despertado a la hora.
- Bueno, no se preocupe – dice la secretaria del centro – a todos nos puede pasar que no nos suene el despertador. Así, su hija vendrá ahora ¿no?
- No, pues no vale la pena ya por lo que queda de mañana.
- ¡Mujer!, hasta las dos menos cuarto todavía queda mucho. Es mejor que venga – replica la secretaria.
- No sé, no sé. ¿Sabe qué?, despertaré a mi hija y que ella decida. Gracias por llamar. Adiós.
- Adiós.
Y, efectivamente, la hija decidió seguir durmiendo.
.- Reflejo no inventado número 2: Silencio absoluto en la clase. El profesor ha considerado dejar la hora de su materia para que los alumnos, de 16 años, pongan al día sus apuntes y repasen la materia. La única condición impuesta por el profesor es que no se puede hablar y que cada uno, de forma individual, haga las tareas propuestas.
Silencio absoluto. Pasan más de treinta minutos y todos los alumnos están en silencio y trabajando. De pronto, y casi gritando, un alumno pregunta:
- Profe, ¿qué hora es?
- Menganito, ahora no es el momento adecuado para esa pregunta – responde sin inmutarse el profesor.
- Pero, profe ¿qué hora es? – continúa casi chillando el alumno.
- Menganito, te repito que ahora no es el momento adecuado para esa pregunta. ¡Calla!. – responde de nuevo sin inmutarse el profesor.
- Yo sólo quiero saber la hora, ¿por qué me tengo que callar?
- Porque no es el momento adecuado – replica secamente el profesor.
- Pero, ¿qué hora es? - insiste levantando más la voz el alumno.
- Menganito, sal un momento de la clase – ordena irritado el profesor.
- Esto es una injusticia. Yo sólo quiero saber qué hora es. No hay derecho, tú me tienes manía – insiste el alumno.
- Sal de la clase – reitera, ya enfadado, el profesor.
El alumno se levanta y sale de la clase con el convencimiento de no haber hecho nada incorrecto.
.- Reflejo no inventado número 3: Iniciado ya el segundo trimestre escolar Zutanita, de 16 años, ha faltado a primera hora de la mañana. Desde la secretaría del centro se llama a casa de la alumna y hablan con la madre.
- Buenos días, su hija esta mañana no ha venido a clase. ¿Está enferma?
- No. Mi hija irá al colegio de 9 a 12 de la mañana cada día.
- ¿Cómo?
- Que mi hija a partir de hoy irá de 9 a 12.
- Pero, oiga señora que el horario de su hija es de 8 de la mañana a las dos de la tarde.
- Sí, bueno, pero ahora hará éste pues me tiene que ayudar en casa.
- Pero esto no puede ser – intenta argumentar la secretaria - ¿no se da cuenta que su hija perderá muchas horas de clase?
- Es que la necesito en casa – replica la madre colgando el teléfono.
.- Reflejo no inventado número 4: Faltan diez minutos para que se acabe la clase y el profesor empieza a recoger los trabajos que ya están impresos y terminados. Merenganita, de 17 años, coge la hoja que acaba de imprimir la impresora y se la entrega al profesor que comienza a leerla rápidamente.
- Repasa la ortografía. Todavía tienes tiempo – le indica el profesor.
Tres minutos más tarde Merenganita le vuelve a entregar la misma hoja al profesor.
- Te he dicho que lo revises que hay muchas faltas de ortografía – le vuelve a decir el profesor.
- Pero, ¿está bien o no? – pregunta la alumna.
- Lo que explicas está bastante bien pero hay muchas faltas de ortografía. Repásalo y me lo entregas – dice el profesor.
- Pero, ¿lo voy a tener que repetir sólo porque tiene faltas? Pues si las respuestas están bien quiere decir que el trabajo está bien.
- El trabajo no está bien porque tiene faltas – insiste el profesor.
- Pues yo no lo repito. Sólo porque tiene faltas quiere que lo repita – se queja Merenganita.
- Revísalo – ordena, enfadado, el profesor.

dimecres, 17 de desembre del 2008

Final de trimestre

Estamos a final de trimestre y a algunos alumnos parece que se les están haciendo eternos los últimos días. Hablo, en concreto, de adolescentes cargados de excusas mil que gozan de las justificaciones pertinentes por parte de sus respectivos padres. Sería incorrecto decir que sorprende esta situación que se repite un trimestre tras otro, pero lo cierto es que los finales de trimestre registran un aumento considerable de faltas de asistencia y de puntualidad en nuestras aulas.
Los controles de puntualidad de los centros docentes pueden dar fe de la cantidad de alumnos que tienen como despertador principal su llamada telefónica. Así cuando desde el centro docente se llama a casa del alumno no es extraño sentir una media voz, que dice “digaaaaa”, como prueba irrefutable de que el alumno acaba de ser arrancado del sueño de Morfeo. A partir de aquí, todas la excusas que se quieran por inimaginables que parezcan como llegar a media mañana “porque se ha ido la luz en mi casa esta noche y hasta que no ha vuelto no me he podido secar el pelo”, o el alumno que aparece por la tarde porque por la mañana ha tenido que ir al médico de cabecera ¡a las 9 de la mañana! y claro no iba a llegar al centro una vez empezadas las clases. Seguro que se podría escribir un libro sólo con las justificaciones de nuestros alumnos …… y de sus padres.
A algunos alumnos les cuesta entender que el hecho de traer una nota escrita firmada por sus padres no justifica ni las faltas de puntualidad ni las de asistencia. Bien, a algunos alumnos y también a algunos padres que creen, erróneamente, que una nota escrita por ellos justifica una actuación poco responsable de sus hijos. A algunos padres les preocupa más salvar las apariencias de las actuaciones de sus hijos que contribuir, conjuntamente con el centro docente, a hacerlos más responsables y conscientes de sus actos. No deberían extrañarnos estos comportamientos en un país donde la poca puntualidad y la baja productividad son unos de los índices que nos diferencian de los países de nuestro entorno. Falta de compromiso que más tarde reproducirán en sus puestos de trabajo, en sus relaciones sociales y familiares.

dilluns, 1 de setembre del 2008

Entre ustedes y yo: el primer día

Ha sido, el de hoy, un día para olvidar. Reconozco que no me gusta el primer día de trabajo después de las vacaciones de verano. Entre ustedes y yo, bastante triste es tener que levantarte por la mañana después de todas unas vacaciones fabulosas de verano, como para tener que soportar el ritual del reencuentro con los compañeros de trabajo. Aún recuerdo, todo sudoroso, el sonido del maldito despertador y el camino largo e interminable hacia el trabajo rezando para no coincidir con nadie conocido al cual tener que decirle los formulismos sociales obligados. Los hados me han sido propicios y no he visto a nadie conocido en todo mi recorrido.
¡Una hora!. Una hora entera saludando, besando, estrechando manos y diciendo puros formulismos sociales que no compromenten a nada y dicen todavía menos. ¿Y éste?, ¿éste quién es?, ¿cómo se llama?, me suena que es del departamento de lenguas pero la verdad es que nunca he hablado con él pero es igual, ¡choca esos cinco, tío!. ¿Y cómo te ha ido?, le pregunto para quedar bien aunque, entre ustedes y yo, poco me interesan sus vacaciones pero de esta forma parece que quedo mejor delante de todos.
Una vez realizado este ritual social hemos tenido la primera reunión, o claustro, donde una vez más los mismos contenidos pero con diferentes palabras han salido de la boca del director del centro. Que si un nuevo curso, que si unos objetivos nuevos, que si unas obras nuevas, que si unos proyectos nuevos, que si ...... ¡Que sí, que sí!, que ya lo sé, que tenemos que volver a trabajar un curso más, que ya ha pasado el verano, que se acabó lo bueno.
Y llegada la hora de finalizar la jornada te queda una sensación de “ya visto” que, entre ustedes y yo, te da por pensar ¿y si el próximo curso empezamos el día 2 y hacemos ver que ya nos hemos saludado y dicho las obviedades de cada curso y nos ponemos directamente a trabajar?. De todas formas, entre ustedes y yo, ¡que tengan un buen curso!.

diumenge, 27 de gener del 2008

La opinión del profesorado

En noviembre pasado se publicó el estudio patrocinado por la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM), y realizado por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), “La opinión del profesorado sobre la calidad de la educación”.
El estudio está realizado en centros de la Comunidad de Madrid y refleja aspectos interesantes de lo que piensan los docentes actuales. En este sentido los docentes creen que el contexto educativo que más influye en los alumnos es la familia por delante incluso de la escuela. Consideración en la que las familias coinciden, no así el alumnado que atribuye más importancia a la escuela. Todo ello a pesar de que casi la totalidad de los docentes cree que la familia delega sus responsabilidades en exceso en la escuela y que considera que las familias no prestan suficiente atención a los estudios de sus hijos.
Una mayoría de los docentes encuestados creen que el sistema educativo español es peor que el del resto de los países de la Unión Europea y tres de cada cuatro consideran que la educación ha empeorado en los últimos años. Tampoco creen que la educación actual prepare para el futuro adecuadamente.
La etapa mejor valorada por los docentes es la Educación Infantil y la peor la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y dentro de la educación secundaria post-obligatoria, la Formación Profesional es mejor valorada que el Bachillerato.
La preparación del profesorado es el factor que los docentes consideran más importante para la calidad de la enseñanza. Le sigue en importancia la calidad de las relaciones interpersonales entre los distintos sectores de la comunidad escolar. Considerando que el orden y la disciplina influyen mucho en la calidad de la educación. Asimismo el profesorado considera que hay una buena comunicación con las familias y un adecuado grado de participación de los estudiantes pero ni los padres ni el alumnado coinciden con esta opinión.
Los profesores dan también mucha importancia a contar con un equipo directivo eficaz y a la mejora de los medios de los que han de disponer los centros.
La mayoría del profesorado cree que en los tres últimos años han aumentado los conflictos en los centros escolares. El alumnado, en cambio, no cree que hayan aumentado. En este sentido, los docentes reconocen que en los centros escolares hay algunos profesores que están amedrentados por los estudiantes y también admiten que en ocasiones algunos profesores insultan a los estudiantes. La inmensa mayoría del profesorado opina que se debería ser más duro con los alumnos conflictivos y creen que es bueno que la dirección pueda tomar medidas incluso de expulsión cuando se producen conflictos sin pasar por la comisión de convivencia.
Finalmente los docentes no se sienten valorados por la sociedad ni por la Administración. No obstante, cuatro de cada cinco docentes dice que no cambiaría de profesión y cree que hay que tener vocación para ser profesor. Una proporción importante de docentes participa habitualmente en actividades de formación.